Hace pocos días que acabó la peor feria de agosto que posiblemente recordemos en Antequera. Una feria que lleva años en declive, sin identidad y haciendo experimentos que no funcionan. Pero sin solucionar lo que todo el mundo clama. Y es que, si el hombre es el único ser humano capaz de tropezar dos veces con la misma piedra, los antequeranos debemos ser seres alienígenas, pues ahí seguimos, haciendo coincidir año tras año la feria de Antequera con la de Málaga. Como si pudiéramos competir con la capital.
Se pueden comentar muchas cosas acerca de esta feria, pero si ha habido una que llama la atención por encima de todo, es lo estrepitosamente lamentable que ha sido para la juventud. Era difícil imaginar una feria en una ciudad de cerca de 50.000 habitantes con una oferta de dos casetas para la juventud.
Puede que haya quien culpe al botellón, el mismo que se lleva haciendo durante años. Puede que alguien espere que la juventud pase toda la noche en una caseta, consumiendo copas a 5 € en vasos de plástico con hielos del mayor tamaño posible y con alcohol de dudosa calidad. O puede que haya quien espere que la juventud disfrute la feria de día en las casetas andaluzas que las cofradías montan dispersas por la ciudad.
Seguramente te contarán que el ayuntamiento no cobra nada por el montaje de una caseta y poco más puede hacer, pero no te contarán que han eliminado la única vía que permitía a los caseteros compensar el dinero que supuestamente no ganan por la noche, como era fomentar la feria de día en el recinto ferial, instalando toldos y aspersores, entre otras cosas. No se puede pretender que la juventud pase la feria de día en un ambiente que no es el que busca, y que de noche, se vayan para casa a dormir la mona cuando acaben el botellón, o bien a hacer colas de hasta una hora para acceder a una de las dos casetas en las que seguro se superó el aforo máximo con creces.
Lejos, o quizá no tanto, quedan aquellas irrepetibles ferias de día en la calle Calzada, y otras tantas maravillosas noches en las que teníamos el PGB, El Aguaero, La Madriguera, la UBI, El Garito, El Ambigú, El Refugio, entre otras.
Valorando otros aspectos uno tiene la sensación de que lo único importante era gastar lo máximo posible en conciertos y que el cartel de toros fuera bueno, como no podía ser de otra manera. Queda esperar que quienes deben reconducir esto hagan un poco de autocrítica (aunque esa palabra no la conocen), o de lo contrario habrá que replantearse si de verdad merece la pena celebrar dos ferias mediocres al año.
Una pena que lo único que se vaya a recordar de esta feria sea su excelente cartel.


Bravo!!!
ResponderEliminarGenial análisis!!
Enhorabuena, era imposible decirlo más claro.
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